Aquí tenemos la
joya blanca de la Costa Blanca: VillaSanta, una casa que no se reforma, se
reinventa. Situada entre montañas verdes y cielos que se pelean por ser más
azules que el mar, esta villa es lo más parecido a vivir en una postal… pero
con piscina infinita, terraza de película y posiblemente un vecino alemán que
hace yoga al amanecer.
Con
su arquitectura mediterránea de ensueño —arcos blancos, tejado de teja
terracota, y más curvas que una carretera costera—, esta casa no es solo un
hogar: es una declaración de estilo de vida. Tiene tanto cristal que el sol
entra con RSVP, y tantas vistas que necesitarás gafas de sol hasta para mirar
hacia el sofá.